Con un poético y creativo libro Juan Seré nos presenta NenaMala para adentrarnos a una ciudad sitiada por la muerte. Un fin agónico e irremediable que sentencia a los ciudadanos. Gordon (Marcos Krivocapich), el protagonista, un niño que vive en el faro con su abuelo enfermo decide animarse a salir por medicinas. Emprende su viaje lleno de ilusión, esperanza y fe. Guiado por el optimismo de salvar a su ser querido no le teme a perderse en la ciudad de la peste. A medida que avanza y se aleja de la luz del faro conoce nuevas juntas, malas juntas, que lo engañan con cantos de sirena. Los placeres de la vida se le acercan para seducirlo mostrándole su lado más visceral y oscuro. Los temores, la lujuria, la locura y la cordura toda junta en el mismo lugar sin tener escapatoria. Todos sentenciados a vivir para morir. En medio de esta desesperante búsqueda está la Nena, una niña de apariencia inocente condenada a su destino fatal.
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| Foto: Alba Cuenca |
La escenografía se convierte en metáfora de la vida, corremos el velo de ingenuidad de la mano de Gordon, para develar a la parodia y los arquetipos humanos que bien nos representan como humanidad. La mala junta formada por la banda de los artistas fracasados o no aceptados, los disertantes del modelo, los perseguidos, los inadaptados del sistema o los que verdaderamente entienden qué es lo que está pasando. Golo (Pablo Bronstein) como el drogón y desdichado artista despreciado por juntarse con las bajezas de este mundo. Las chica del Lupanar ocultando sus miserias sonriendo al mejor postor. El Doctor Interventor como el gran cristiano, un líder poderoso amparado bajo las normas de la moral y la fe genera males manipulando a su antojo a todo sin mantener nada sagrado (ni siquiera su propia hija). Y por último, una sociedad enferma, sedienta de una cura que se ve “obligada” a actuar de la manera más “cristiana” posible en pos del bien común: deshacerse de los enfermos y de la escoria social.
El contraste entre los vestuarios en tonos ocres de las anfitrionas del Lupanar transmiten angustia y a la vez ellas son la perfecta combinación del desenfreno cruel de la vida. Sus toqueteos curiosos, alégrese, juguetones y atrevidos mezclados con los frenéticos bailes de deseo pujante transmiten a la perfección la desesperante agonía del vivir.
La puesta transcurre en dos planos, la realidad y los sueños mortales de la Nena. El pasaje de uno al otro ingeniosamente sincronizado por las luces y la música generan una atmósfera cargada de incertidumbre y tensión. Los actores sostienen con profesionalismo ese pasaje que genera el choque de dos realidades; el de una pragmática y una misteriosa en la que los sueño de la Nena operan como el híbrido pasadizo de una a la otra. Una obra tejida a partir de los encuentros de Gordón. ¿Por qué solo él y Golo ven a la Nena? ¿Será que solo los locos y los niños son sensibles a estos dos mundos?
NenaMala está llena de guiños despreciables por el orden establecido, abriendo paso con una estética muy propia del arte macabro del Surrealismo Pop (Lowbrow ). La Nena (María Belén Riverlli) podría prácticamente ser la protagonista de algún cuadro del movimiento de Mark Ryden. Ella es una impecable mixtura entre lo tétrico y lo ingenuo pero es un títere del poder. Un vano instrumento patriarcal de la sociedad. Sumisa a su padre que solamente la manipula para sus beneficios. Un eslabón más de la cadena del consumo.
Una deslumbrante dirección actoral de Seré hace que la obra sea una pieza única de principio a fin. Mantiene al público en tensión desde mucho antes que se de sala. La música sacra que se oye en el bar teatro Ladrán Sancho no es casualidad. El clima se va tensando desde que cruzas el umbral de la puerta y sigue en aumento durante la función. La estética grotesca que rodea NenaMala se puede apreciar en el acertado maquillaje y vestuario. Se relaciona todo el tiempo lo trágico con lo risible despertando en el público liberadoras – y a veces tímidas – risas que descompactan la rigidez del momento.
Parte del mérito de la puesta teatral recae también en la actuación de Krivocapich que comienza con una actitud incierta, amable, curiosa e inocente y se va transformando, a medida que la realidad lo golpea, para terminar creciendo, madurando o quitándose el velo de la realidad – esa tela beige que separa al espectador de lo que sucede en la ciudad sitiada-.
NenaMala avanza como si fuera una poesía finita sobre el hombre y sus pesares. La paradoja de una humanidad que adolece y un Dios que no responde.
Lunes 21:00 hs
LADRAN SANCHO: Guardia Vieja 3811. CABA
Ficha técnico artística
Actúan:Pablo Bronstein, Jimena Civelli, Gaston Filgueira Oria, Andres Granier, Manuel Iglesia, Marcos Krivocapich, Nicolás Levín, Luis Mancini, Eugenia Mercante, Francisco Ortiz, Rosa Ortiz Pereyra, María Belén Ribelli, Carolina Stegmayer, María Agustina Trimarco

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