The Tiger Lillies perform Hamlet (Dinamarca) es una
obra creada por el grupo The Tiger Lillies y la compañía Theatre Republique,
quienes se unieron para representar el clásico de William
Shakespeare: Hamlet.
El trío británico toma una de las tragedias más famosas en un tono de vodevil cabaretero y la tiñen con mayor oscuridad. La locura, el (des) amor, la lujuria, la traición y sobre todo la sed de venganza se muestran con una cara tristemente cómica y por momentos macabra.
El trío británico toma una de las tragedias más famosas en un tono de vodevil cabaretero y la tiñen con mayor oscuridad. La locura, el (des) amor, la lujuria, la traición y sobre todo la sed de venganza se muestran con una cara tristemente cómica y por momentos macabra.
El primero en salir a escena es
Martyn Jacques (autor y compositor de la música) con la cara pintada de blanco,
un sombrero bombín y un pantalón con tiradores al estilo de Alex DeLarge(personaje que protagoniza La
Naranja Mecánica). Toca en su acordeón el prólogo y obertura de la
tragedia y presenta a Hamlet. El aire se llena con veintiún
canciones sombrías y cargadas de sinceridad y demencia. La
música es interpretada por “The Tiger Lillies” (Martyn Jacques, Adrian Stout y
Jonas Golland) influenciados por el neo-punk, elementos gitanos y brechtianos.
Tratan el tema de la muerte como un leitmotiv a lo largo de toda la puesta.
Hamlet es una delicia ingeniosa, turbulenta, tragicómica y espléndida.
El uso de los colores es perfecto. Un vestuario combina lo moderno con lo
victoriano y lo circense. La iluminación también se luce en la puesta. Un
ejemplo es cuando el fantasma del padre de Hamlet aparece para revelar cómo
murió y fomentar la búsqueda de la venganza. Emerge como una cara proyectada
sobre el yeso y mientras su relato avanza la imagen se va achicando para cubrir
solo la cara de su hijo. Un verdadero cuadro surrealista. Otro momento es
cuando Jacques describe la creciente locura de Hamlet con una iluminación en
rojo sangre que drena a un frío azul. Un original uso de la luz estroboscópica
para fotografiar a la familia (des)unida de esta tragedia.
La obra contiene una exquisita oscuridad expresionista . No solo es
inteligente, sino que es desorientadora y excitante. El juego con la
escenografía pareciera funcionar como un verdadero reloj. Cortinas, puertas que
se abren o se cierran apareciendo y a la vez desapareciendo personajes, el
juego de las manos manipulando a Ofelia, un rectángulo con puertas y ventanas
se erige en el escenario para “aplastar” a los muertos o
“conservarlos”. Hamlet es un poderoso universo visual. Bailes poéticos en
el aire, una mesa en posición oblicua al piso. Con una gran destreza
corporal los personajes mantienen mucho trabajo aéreo en el escenario. Ellos
están en arneses, en sogas y sobre los hombros de otros personajes. Sin duda
uno de los momentos más cautivadores es cuando se aprecia a un Hamlet
horizontal que se mueve soñando por el escenario, navegando en su propia
paranoia y una Ofelia ahogándose, retorciéndose en medio del aire. La locura y
la venganza lo invaden todo. Sin embargo, dejan lugar para la ternura como en
el acompañamiento a la muerte de Ofelia que es silenciosamente bello.
El 11
FIBA (Festival Internacional de Buenos Aires) trae una
excelente perform de Hamlet que
no basta con leerla en reseñas o ver un tráiler hay que dejarse atravesar,
sentirla, vivirla. Todo lo que sucede arriba del escenario es comprendido como
singularidad y a la vez, como un todo. Sin pecar de spoiler comparto mi
subjetiva impresión de esta magnífica pieza.
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